El Reino de este Mundo

No voy a esconder que he leído el final de El Reino de este Mundo con temblores. Pocas novelas o cuentos han tenido un final tan impresionante, quizás en la historia de la literatura. Leyéndolo entiendo qué es lo Real Maravilloso, ese término que tantos tratan de explicar, muchas veces infructuosamente.

Dije antes que Rulfo era un hacedor de imágenes. Carpentier es un pintor al óleo.

A medida que mis ojos devoran sus palabras, se van desvaneciendo delante de mí todas las habitaciones, muebles, objetos reales, y poco a poco, a brochazos de óleo, este hombre va dibujando un inmenso cuadro sin fin, lleno de colores, texturas, animales en transformación, negros esclavos, reyes empotrados, francesas libidinosas, castillos haitianos, historia… y Ti Noel.

El cuadro se vuelve revelador con la última imagen de Ti Noel, llevando la casaca de Henri Christophe – de seda verde y con puños de encaje salmón, robada del Palacio de Sans Souci – parado en las surrealistas ruinas de la casa de su antiguo amo francés, sin techo y decorada con objetos del palacio. Solo.

Después de ver pasar amos y gobernantes, de todos los colores, siempre crueles, intentar – decepcionado de la raza humana – unirse a un grupo de gansos que también lo rechazaron por ser de otra casta, de reconocer que en el Reino de los Cielos las jerarquías ya estaban establecidas y no había conquista posible, Ti Noel se da cuenta de que “el hombre solo puede hallar su grandeza, su máxima medida en el Reino de este Mundo”.

Así, con la llegada de una repentina tormenta quizás anunciada por Mackandal, nuestro personaje desaparece dejando solo la presencia de un buitre, aprovechador de toda muerte, bajo el título de Agnus Dei – un Jesucristo ofrecido como víctima para expiar los pecados de los hombres. Se unen el vudú y el cristianismo en una metáfora de nuestra mezcla americana.

A pesar de no estar totalmente claro para mí este final (¿el buitre es una transformación o es testigo?), y pienso que fue la intención del autor, no deja por ello de tener una imponente hermosura no digna del reino de este mundo.

Comments
One Response to “El Reino de este Mundo”
  1. Olga says:

    ¡Qué palabras tan inspiradas has escrito! Creo que hubo uno de esos momentos en que el tiempo se borra y llega a tí la pasión del creador, como cuando uno tímidamente toca un vals de Chopin y a medida que avanza en las notas, se olvida de sí mismo y se transporta a aquella alma tremenda, TREMENDA, que la concibió.
    Me gusta lo de “pintor al óleo”, también a Carpentier le habría gustado.

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