Otra de críticos

Entre tantos libros que me tengo que leer para el examen de maestría hay uno que me tiene enamorada por la manera de escribir de su autora: Fiesta al noroeste, de la española Ana María Matute.

Las metáforas y las imágenes que logra transmitir son algo realmente envidiable. Desde que la novela comienza sentimos la aprehensión del personaje por su ciudad natal y la fuerza que ésta ejerce sobre él: “un camino precipitado y violento, hecho sólo para tragar”. Cuando se encuentra con un compañero de años atrás: “Una ráfaga de infancia le ató la lengua”.

Ayer algo llamó mi atención, además de la maravillosa escritura. El editor José Más (Cátedra) es uno de esos críticos de lenguaje tan rebuscado y de los que hablé en el primer post de este blog. Sus pies de nota son capaces de quitarte todo el encanto de la lectura.

Sólo voy a poner un ejemplo que, al leerlo, no pude menos que reírme a carcajadas.

La Matute iba así:

“La lloró como un perro (muere la madre del niño), tendido en la esterilla del suelo, traspasado de soledad, afrentado y roto su amoer verde y agrio de niño. Madre muerta. Madre muerta. Estas dos palabras le herían con filo de hielo. Qué pálida se puso la luna”.

Hermoso, ¿no? Pero la última frase tiene un enlace a una nota del editor que dice:

“Es una objetivación de lo subjetivo que sirve, por su oportuno quiebro lírico, de remanso aquietador a la impetuosa corriente dolorida”.

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