Juan con Nada

La interpretación de una obra literaria va a depender siempre de muchos factores. Podemos valorarla sin conexión ninguna con el momento histórico en que se escribió y, en ese caso, quizás el lector la enlace más con su propia experiencia y lo que esas palabras le dicen a él en particular. Como lectura es válida, como son válidas otras aproximaciones. Podemos tomar en consideración el momento histórico y las circunstancias del autor para tratar de comprender, con las obvias limitaciones, el mensaje que quiso trasmitir y cómo nosotros, los lectores, lo recibimos. En ambos casos, el lector y sus propias experiencias serán fundamentales en la interpretación.

Cuando leo un poema como “Tengo” de Nicolás Guillén, poeta cubano, inevitablemente pienso cuán importante es la circunstancia en que se escribió. Principios de los años 60, pocos años después de triunfada la Revolución, en pleno auge de las reformas sociales: Ley de Reforma Agraria, Campaña de Alfabetización, eliminación de la segregación racial, etc.

Debemos dejar a un lado la molestia que puede causarnos hoy en día, y pensar que en ese momento su autor, un mulato de rasgos bastante africanos, sentía que las puertas del mundo se le abrían y por primera vez era considerado un igual, un ser humano como otro cualquiera.

Sin embargo, cuando los cubanos de hoy leemos este poema la gran ironía de la Revolución nos golpea el rostro. Ese Guillén que tenía el gusto de “andar por su país dueño de todo cuanto hay en él” nada tiene que ver con un cubano de finales del siglo XX y principios del XXI. Siendo negro nadie lo podía detener “frente a las puertas de un dancing o un bar” o de un hotel, pero quien camine las calles de la Habana Vieja se dará cuenta que muchos negros son parados por la policía e interrogados con toda la autoridad del mundo, con todo el derecho de pisotear los derechos del ciudadano, que bien puede (a cualquier cubano) “encerrarlo en un cuartel” sin cargos reales. Cierto es que desde hace poco se permite el alojamiento en hoteles a los cubanos, después de años de total segregación, no racial, sino nacional (extranjero todo lo puede, el cubano no puede nada), pero eso no significa que el cubano “de a pie” pueda disfrutar realmente esos aparentes lujos. En un país donde una habitación de hotel bien puede costar el salario (promedio) de 5 meses.

El colmo del a ironía viene en las líneas finales: “Tengo que ya tengo / donde trabajar / y ganar / lo que me tengo que comer”. El cubano no tiene un trabajo donde pueda ganar un salario que le permita comer decentemente. Todos sabemos que el verdadero salario se gana de otras maneras. De ahí viene el dicho “el gobierno hace como que me paga y yo hago como el que trabajo”.

El poema “Tengo” es un magnífico poema, con esa musicalidad propia de la poesía de Guillén. Se lee y se quiere volver a leer, siempre en voz alta.

Es una lástima que a estas alturas de la Revolución contenga un significado tan irónico y nos recuerde, como un iceberg cayendo sobre nosotros y aplastándonos, cuál es la situación en que se ha vivido durante tantos años en Cuba, y qué triste es que esos sueños se hayan pisoteado hasta el punto en que nada queda (quizás nunca llegó a ser) de Juan con Todo.

[Cuando me miro y toco, todo se desbarata…Si ayer fui Juan con poco, y hoy soy Juan sin nada – Perfume de mujer]

Cuando me veo y toco
yo, Juan sin Nada no más ayer,
y hoy Juan con Todo,
y hoy con todo,
vuelvo los ojos, miro,
me veo y toco
y me pregunto cómo ha podido ser.

Tengo, vamos a ver,
tengo el gusto de andar por mi pais,
dueño de cuanto hay en él,
mirando bien de cerca lo que antes
no tuve ni podía tener.
Zafra puede decir,
monte puedo decir,
ciudad puedo decir,
ejército decir,
ya míos para siempre y tuyos, nuestros,
y un ancho resplandor
de rayo, estrella, flor.

Tengo, vamos a ver,
tengo el gusto de ir
yo, campesino, obrero, gente simple,
tengo el gusto de ir
(es un ejemplo)
a un banco y hablar con el administrador,
no en inglés,
no en señor,
sino decirle compañero
como se dice en español.

Tengo, vamos a ver,
que siendo negro
nadie me puede detener
a la puerta de un dancing o de un bar.
O bien en la carpeta de un hotel
gritarme que no hay pieza,
una mínima pieza y no una pieza colosal,
una pequeña pieza donde yo pueda descansar.

Tengo, vamos a ver,
que no hay guardia rural
que me agarre y me encierre en un cuartel,
ni me arranque y me arroje de mi tierra
al medio del camino real.
Tengo que como tengo la tierra
tengo el mar,
no country,
no jailáij,
no tenis y no yacht,
sino de playa en playa y ola en ola,
gigante azul, abierto democrático:
en fin, el mar.

Tengo, vamos a ver,
que ya aprendí a leer,
a contar,
tengo que ya aprendí a escribir
y a pensar
y a reir.
Tengo que ya tengo
donde trabajar
y ganar
lo que me tengo que comer.
Tengo, vamos a ver,
tengo lo que tenía que tener.

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