Mis náuseas de fin de siglo

La película Suite Habana, de Fernando Pérez, fue demoledora para mí. Una de las mejores películas (estilo documental. No sé cuál es la categoría, aunque para mí es más un documental) que se han hecho en Cuba, una de las más conmovedoras. Aquel día, creo que de 2003, en que fui a su estreno en el cine Chaplin la ví clavada y hundida en mi asiento. Había un gran silencio en el cine mientras todos nos sentíamos que la vida cubana nos pasaba por delante de los ojos, esa de la que no hablaban los medios cubanos y que respirábamos, sufríamos tantos millones, acompañada de una increíble fotografía, de una música exquisita, de sonidos habaneros, y, sobre todo, de silencios. Silencios que hablan más que mil palabras.

La gente lloraba a mi alrededor. Otros, como yo, aguantaban el llanto. Recuerdo que casi no podía contenerme pero me hice el firme propósito de no dejarlo escapar. Casi lo logré.

Al final, unas letras nos decían cuáles eran los sueños de esos personajes, que éramos nosotros. Lindos sueños, sueños sencillos pero irrealizables en su contexto. Pero entonces algo pasó. Las letras nos informaron que Amanda Gautier, la viejita del maní, cuya conmovedora historia seguimos durante casi una hora y media, ya no tiene sueños.

Justo después de esta frase y su imagen, salieron los créditos, la gente comenzó a pararse y se encendieron las luces. Justo en el momento en que el mar de lágrimas reprimido salió estrepitosamente de mí con arqueadas y todo, sin yo poder hacer nada para evitarlo. Tanta firmeza para acabar haciendo más papelazo que los que lloraban en silencio. La verguenza no pudo hacer nada para que yo parara de llorar.

Nunca me he preguntado por qué reaccioné tan violentamente a esa frase. Hoy, leyendo el breve poema “Infierno” de Damaris Calderón por pura casualidad, me he dado cuenta. Aquella frase resumía toda la desesperanza, total y arrasadora, del fin de siglo cubano.

Eran mis náuseas de fin de siglo. Lloraba sobre un cementerio de alas. Eso era – eso es – La Habana. Cuba.

Infierno

Perdí

toda

esperanza.

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