Historia clínica

Estoy descubriendo al poeta cubano Luis Marimón…

El paciente revela un cuadro clínico sumamente extraño:
dice que soy él y que él soy yo
y este no es una manicomio sino un barco que se hunde.
Los poemas que escribe son ilegibles
y en el mejor de los casos,
atroces o raros.
Dice, su corazón es un girasol que cruje con el viento
y hemos tenido que protegerlo, ponerle los manguillos
cuando lo hemos atrapado con una cuchilla sucia
sacándose la piel de su rostro, con el fin, dice,
de una vez y por todas,
desenmascararse.
Dice que lo perdurable sólo es el reflejo
de las aves que por el cielo pasan y la exactitud
se encuentra en lo impreciso,
que los espíritus son palpables, sufren y ocultan
bajo la nata verde que cubre los pantanos.
Dice que algo sucio y terrible está rodeando al mundo,
que nada es perdonable, que hasta el sol es perverso,
que al lado de su cama siempre hay algo bestial que lo
acompaña,
que su amor es tan extraño e incurable
como el instinto viviente de los arroyos,
que las piedras son pétalos petrificados de flores de otro
universo,
que su epilepsia es un vino que borra los espacios,
que todas las pesadillas humanas son las única perenne
pesadilla
de dios,
que se siente diverso, ya que es uno.
Dice que todo es ficción y deseos frustrados,
que la vejez es una plaga y ha comenzado a pudrir todos
los niños
y cuando haya dicho su última palabra
se acabará el universo…

Y yo estoy empezando a creerle
ya que también he visto
seres viscosos y deformes
salir de los huevos raros que nacen de las tumbas
y es indudable que esto es el infierno
y que los argumentos que los hombres urden,
son admirables falacias para explicar, un poco tarde,
la esperanza.
Creo que aún pudiera escapar de esta trampa:
desmoronarme el cráneo de un escopetazo
o disolverme en el corazón del mar.
En este caso, lo único que ya puede salvarme
es entrar yo también en el continuo universo de las
disoluciones.
¿Para qué continuar con esta túnica que ya apenas
me oculta el rabo incivil;
para qué esta máscara si llevo debajo una colmena
y una calabaza fosfórica que no es de este mundo?
Creo que en este círculo que comienza y no concluye
nunca
somos nosotros los soñados
y que ningún encuentro es coincidencia,
ni ningún sueño,
ni ningún muerto.
Creo que la metástasis nos está devorando antes de
nacer,
que existir es el maleficio perdurable
de alguna vieja loca que habitó en los cielos
y la hojarasca comenzó a cortarme cuando no me
alcanzaron los sueños
con los que tanto jugué a soportar la vida.
Que ante los espejos somos deplorables
y fuera de él, bestiales,
que hay que sacarse el corazón, botarlo al universo…

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