Como Matías Pérez

Los palacios distantes es la segunda novela de Abilio Estévez – escritor, dramaturgo y poeta. Aunque no tan famosa como Tuyo es el reino, es mucho más compleja de lo que aparenta, y quizás (sólo quizás) más metafórica que la primera.

Entre las grandes metáforas de la novela está la del teatro, y relacionadas con el teatro está el payaso Don Fuco y las marionetas. Como estoy empezando realmente a pensar en todo esto, me concentré hoy en tratar de entender un poco las enigmáticas marionetas.

Solo aparecen en una escena de la novela, justo antes del final. Victorio entra a una recámara del teatro en la que no había entrado antes y encuentra miles de marionetas, de todas las formas y tipos. En una mesa hay unas marionetas a imagen y semejanza de los personajes de la novela: Salma, el Moro, etc. Entonces se ve a él mismo –su marioneta- en un globo aerostático.

Unas notas en la pared hablan de eventos pasados o por pasar. En un pequeño teatro de cartón está la marioneta de Sabanasagrada vestido de policía y la de Don Fuco vestido de bailarina con sangre en el pecho (la escena final de la novela).

En ese momento entra Don Fuco: “No vaya a cometer la vulgaridad de pensar que alguien quiso hacer un muñeco que se pareciera a usted”. Las marionetas tienen más de 200 años y fueron hechas por famosos maestros de marionetas.

matiasSegún Don Fuco, los muñecos son superiores a los seres humanos porque no son grávidos, ignoran la inercia, que se opone a la danza. “La inercia que los eleva en el aire es superior a la que los ata a la tierra”.

Supongo que justo por eso la marioneta de Victorio está en la barquilla del globo aerostático, porque es una referencia a Matías Pérez, quien desapareció del cielo cubano en un globo. Al principio de la historia, Victorio piensa que debe ser fascinante elevarse, aire arriba, hasta los confines y poder ver el mundo. El poder elevarse, ser superior a los problemas terrenales, es una constante en estas dos novelas de Abilio. La situación de la isla, siempre vista a través de sus ojos como una catástrofe a la que siempre estuvimos predestinados, sólo puede sobrepasarse si nos elevamos, ya sea a través de la literatura o a través de la ingravidez.

La marioneta no es un ser humano, es una extensión de nosotros, es una imagen, una visión, una metáfora (Tova Ackerman). No está atada a la tierra, como nosotros, “it can go where the person is afraid to go; it can speak with mistakes without worry. It can fly. It can sing” (Ackerman). Por eso son superiores las marionetas de Don Fuco, por eso “la isla entera puede hundirse, lo que no puede desaparecer son las ruinas de este teatro”.

Algunos interpretan las líneas finales de Los palacios distantes como el suicidio de Victorio y Salma. En mi opinión, lo que sucede es que se dan cuenta de que tienen que seguir el trabajo, el ejemplo, de Don Fuco. Se dan cuenta de que no puede morir, porque su muerte – la del payaso, la del teatro, la de las marionetas, la de la idea de elevarse por encima de lo terrenal – significa el fin.

“Ahora nos toca a nosotros”.

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