“La calle es de los revolucionarios”

repudio

Acto de repudio contra disidente

Entre todas las consignas de la Revolución cubana, esta es una de las más despreciables, junto con aquel “Con la Revolución todo, contra la Revolución nada” dicho por Fidel a los intelectuales cubanos en 1961, donde dijera Virgilio Piñera: “Sólo sé que tengo miedo, mucho miedo”. Y demostrando que algo andaba muy mal desde el mismo comienzo de esta historia.

No sé cuál es el origen de esta frase, tal vez Fidel también la dijo y se convirtió en consigna. En mi opinión, la consigna que simboliza lo que un pueblo nunca debería ser y hacer. La frase que repiten los que dan los golpes, la frase que los justifica y los hace sentir mejor cuando deberían ir a una cárcel por agresión y maltrato. La frase que debería dejarnos paralizados a todos, preguntándonos cómo un pueblo puede no percatarse de la tamaña ignominia que encierra, del carácter fascista de las ideas que encierra (irónicamente dicha por un pueblo autoproclamado comunista, socialista).

Una frase que simboliza todo lo que yo detesto de mi país: la intolerancia, la injusticia, la falta de derechos humanos, la falta de esa misma igualdad que pretenden y que todos los que vivimos en Cuba sabemos que no existe.

Quizás por eso me dedico a estudiar aquello que se opone, que se aleja, de esa calle revolucionaria. Aquellos espacios que la subvierten, donde se retiran los personajes de la literatura y el cine cubano. Sé muy bien que por eso quise estudiar la escena de Juan de los muertos donde los personajes subvierten totalmente uno de los lugares revolucionarios más consagrados, la reunión del Comité de Defensa de la Revolución. Qué tremendo placer me dio esa escena. Aquellos que hemos tenido que soportar estas reuniones toda la vida, aquellos que nos parábamos detrás asombrados del gran carnaval que es la Revolución y furiosos de ser forzados a participar, podemos entender perfectamente una escena así.

La calle no es de los revolucionarios. Esto es una falacia. La calle es también de los rockeros de 23 y G, de los travestis de 23 y 12, de los jineteros y vendedores de drogas de Centro Habana y La Habana Vieja, de los disidentes en todas partes de Cuba que se atreven, como no me atreví yo nunca, a salir a la calle y decir lo que piensan. Es de cada uno de los cubanos que se esconden para hablar mal del gobierno.

La calle – esas calles llenas de huecos, podredumbre y de edificios en ruinas – es de TODOS.

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