Una mordida al marshmallow

Recientemente, en una reunión de estudiantes graduados en la universidad, una profesora – de la cual tengo la mejor opinión y siempre me gusta cómo trata de decir las cosas de nuevas maneras – nos mostró el video del marshmallow para reflexionar sobre la necesidad de la autodisciplina y la importancia de resistir las tentaciones para tener mayores recompensas en la vida. Demostraba que los niños que resistían la tentación tenían mucho más éxito en su vida futura. Éxito en cuanto a vida profesional y no sé qué otras cosas.

Conclusión: “Remember, do not eat the marshmallow”.

Yo, sin embargo, me quedé pensando. Las políticas de autosacrificio me resultan siempre muy sospechosas, viniendo de dónde vengo. Quizás – muy posiblemente – ella no se refería a no disfrutar nada, la verdad es que no sé. Pero el mensaje fue un poco ese: estudien, estudien, no se coman el marshmallow hasta que no se hayan graduado y tendrán muchos en el futuro.

¿Qué futuro? me pregunto yo. ¿Quién puede garantizarme que tendré un futuro? Soy extremadamente consciente en mis estudios, en mis clases, me gusta hacer lo que puedo dentro de mis conocimientos y capacidades. Pero mi sacrificio llega a un límite. Y ese límite depende mucho del placer que me proporcione lo que hago, que es mucho. He tenido períodos de trabajo y estudio totalmente agotadores, cuando tengo exámenes y siento que realmente es muy necesario y parte del proceso de ser estudiante graduada. Pero el sacrificiómetro se me rompe de vez en cuando y yo soy feliz con esto, porque he aprendido que uno no sabe qué va a pasar el día de mañana, la próxima hora, el próximo segundo. Por lo tanto, tenemos que tener un equilibrio en nuestra vida entre lo que podemos sacrificar y lo que podemos aprovechar de esta corta e impredecible existencia. Tuvimos, tenemos y tendremos tantos momentos de infelicidad y frustración que necesitamos entender que no podemos convertirnos en Bisy Backsons*.

The Bisy Backson is always going somewhere, somewhere he hasn’t been. Anywhere but where he is.

I was having an awful dream,” he said.

“Oh?”

“Yes. I’d found a jar of honey…,” he said, rubbing his eyes.

“What’s awful about that?” I asked.

“It kept moving,” said Pooh. “They’re not supposed to do that. They’re supposed to sit still.”

“Yes, I know.”

“But whenever I reached for it, this jar of honey would sort of go somewhere else.”

“A nightmare,” I said.

“Lots of people have dreams like that,” I added reassuringly.

“Oh,” said Pooh. “About Unreachable jars of honey?”

“About the same sort of thing,” I said. “That’s not unusual. The odd thing, though, is that some people live like that.”

“Why?” asked Pooh.

“I don’t know,” I said. “I suppose because it gives them Something to Do.”

“It doesn’t sound like much fun to me,” said Pooh.

No, it doesn’t. A way of life that keeps saying, “Around the next corner, above the next step,” works against the natural order of things and makes it so difficult to be happy and good mat only a few get to where they would naturally have been in the first place – Happy and Good—and the rest give up and fall by me side of the road, cursing the world, which is not to blame but which is there to help show the way. Those who think that the rewarding things in life are somewhere beyond the rainbow…

Nosotros los estudiantes graduados, y todo aquel que luche por una meta, no estamos equivocados en hacerlo, no estamos equivocados en querer construirnos un futuro. Y es importante hacerlo lo mejor posible. Pero todos los extremos son malos, y ésta es la base de toda mi filosofía. Tan malo es no estudiar, hacer los exámenes sin realmente saber lo que haces, no aprender en el proceso y no importarte, como sacrificar toda tu vida y tus momentos de disfrute en aras de un proyecto, convirtiéndote en un robot que sólo piensa en alcanzar esa meta.

Hay momentos en que hay que decir basta y darle pausa al sacrificiómetro, como hay momentos de echarlo a andar. Yo, por mi parte, le meto una mordidita al marshmallow, confiando en que tengo la voluntad suficiente para dejar la mejor parte para ese futuro que tanto me atemoriza.

The main problem with this great obsession for Saving Time is very  simple: you can’t save time, you can only spend it. But you can spend it wisely or foolishly. The Bisy Backson has practically no time at all, because he’s too busy wasting it by trying to save it. And by trying to save every bit of it, he ends up wasting the whole thing.

*El Tao de Pooh.

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