Soñando con otros horizontes

MADAGA3Hace unos dos años volví a ver la película cubana Madagascar de Fernando Pérez. La puse en la computadora con miedo: hay tantos buenos recuerdos de cosas que, cuando leemos hoy, parecen menos buenas e incluso sinceramente malas. Recuerdo cuando vi Madagascar, creo que en el cine Chaplin (¿dónde si no?), me impactó su acercamiento poético a la realidad, cosa que no es muy común en el cine cubano. Me impactó su tristeza y su desesperanza, que reflejaba las mías tan bien.

Madagascar fue realizada en uno de los momentos más difíciles que ha enfrentado Cuba desde 1959. Salió en 1995, la isla pasaba por los peores años del mal llamado Período Especial, y La Habana había sido escenario del Maleconazo y la desgarradora (aún lo es) crisis de los balseros. Agosto de 1994 fue un mes clavado en la memoria de los que lo vivimos, mirando los que se iban con una mezcla de horror y envidia. Un día salí con mis amigos de un concierto o la rockoteca del Karl Marx, y nos fuimos a la costa de al lado, a ver el mar y a (ellos) beber probablemente chispaetren. De pronto sentimos unos gritos en la oscuridad, alguien llamaba a alguien. No entendía qué pasaba cuando nos dimos cuenta de que los gritos venían del mar. Alguien en una balsa buscaba a otra persona para recogerla y seguir. Solo oímos la voz, la total oscuridad se tragaba todo lo demás. Y me pregunté cómo es posible ser capaz de semejante locura. Creo que nunca me hubiera tirado al mar, no matter what, me parecía aterrador, pero lo cierto es que no era menos aterrador que quedarse en tierra. Los comprendía… y me daba una pena profunda por ellos y por nosotros, los que nos quedábamos.

En fin, que en medio de todo esto fue realizada Madagascar. ¿Cómo esperar rumba y charanga, como algunos espectadores aparentemente esperan del cine? ¿Cómo?

Volví a ver Madagascar y me quedé impactada otra vez, ahora por no haberme decepcionado  seguir siendo – en mi opinión – una de las mejores películas hechas en Cuba, aunque no haya sido del gusto general, como reconoce Pérez. Hoy, en vísperas de presentar un trabajo en una conferencia, la veo de nuevo y me fijo detenidamente por primera vez en las escenas en que Laurita llora oyendo un aria frente a un cuadro. Nada menos que mi cuadro preferido cubano, Los niños, de Fidelio Ponce. Un pintor que no muchos escogerían para representar el arte cubano, pero perfecto para el ambiente de la película. El aria es ´Con te partiro´ cantada por Bocelli. No sé nada de este tipo de música, pero claro que la he escuchado. Esta vez, la rastreé por internet.

Por supuesto, una canción perfecta para una hastiada Laurita en plenos años noventa que quiere irse a Madagascar, simplemente por ser un lugar del que no sabe nada.

When I’m alone
I dream on the horizon
and words fail;
yes, I know there is no light
in a room where the sun is absent…

Time to say goodbye
to countries I never
saw and shared with you,
now, yes, I shall experience them.
I’ll go with you
on ships across seas
which, I know,
no, no, exist no longer.
It’s time to say goodbye…

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